Durante finales de los años ochenta y principios de los noventa se vivió una época muy interesante para el flamenco en Madrid. Por aquel entonces buena parte de los grandes artistas de este arte vivían o frecuentaban a menudo la capital, y el ambiente era de lo más propicio para la reunión amistosa y el intercambio de conocimiento.

Pepe Habichuela en Casa Patas. Foto Martín Guerrero
Entonces Casa Patas era uno de los más importantes puntos de reunión de artistas y aficionados al flamenco, que acudían a ver a primeras figuras del cante, la guitarra y el baile, y a disfrutar de la noche entre amigos, en su ambiente. Pepe Habichuela estaba entre los primeros unas veces y entre los segundos otras.
Sobre el escenario, tocando sin amplificación, el maestro tocó al cante para Ramón El Portugués, Vicente Soto y un jovencísimo Miguel Poveda, entre otros. El lo recordaba hace unas semanas, con cierta añoranza, como “…aquella Época Dorada…” Y en verdad que lo fue, no hay más que repasar los carteles de Casa Patas de esos años para comprenderlo.

Pepe Habichuela. Foto Martín Guerrero para Casa Patas
El caso es que la presencia de Pepe Habichuela en el cartel de Los Pellizcos Flamencos nos ha hecho recordar a muchos lo que entonces pasaba. Y su paso el jueves por nuestro escenario nos ha permitido volver a vivir algo de ese ambiente, de esa intensa experiencia del flamenco, de nuevo en Casa Patas.
En una conversación que mantuve con él la noche en que tocó Diego del Morao, se confesaba excitado por su próximo paso por Los Pellizcos; ¿Qué va a pasar cuando venga yo a tocar? preguntaba retóricamente; “algo grande” respondía yo para mis adentros.

Pepe Habichuela y Josemi Carmona. Foto Martín Guerrero para Casa Patas
Y así ocurrió: la sala abarrotada de aficionados, buena parte de la Familia Habichuela, incluido su hermano Juan, en las primeras filas, críticos y periodistas que no se querían perder una ocasión tan especial.
Comenzó el concierto con dos temas interpretados al cante por la prometedora artista castellonense Tamara Escudero, a quién ya habíamos tenido la oportunidad de escuchar en Casa Patas, por recomendación del propio Pepe. Con una garganta privilegiada, esta joven cantaora demostró sensibilidad, conocimiento y hondura de sentimiento flamenco.
A continuación pudimos disfrutar de la guitarra de Josemi Carmona, hijo de Pepe y antiguo componente de Ketama, que interpretó interesantes composiciones propias, acompañado por Luki Losada, Carlos Carmona y Tamara a los coros. Todo un regalo.
El resto del concierto fue a cargo del maestro, que estuvo en todo momento arropado por un público respetuoso que dio constantes muestras de aprecio, y jaleó, con sentidos “oles” y aplausos, los momentos más intensos de su interpretación.
En un momento del concierto me atreví a preguntarle a Amparo, la mujer de Pepe, que estaba muy pendiente de todo, que cómo le veía. “Muy bien, está muy a gusto, está tocando para él, como cuando está en la casa” contestó.
Gracias a todos.
Gracias Maestro.
Martín Guerrero.
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